Conflictos africanos
Un vistazo a las raíces y consecuencias de la violencia en el África de 2026
En el contexto actual, se observan conflictos notables en países como la República Democrática del Congo, donde la explotación de minerales ha sido un catalizador para enfrentamientos armados. Además, en el Sahel, la combinación de extremismo islámico y debilidad estatal ha generado un escenario cada vez más volátil. Los actores involucrados en estos conflictos son diversos, incluyendo gobiernos, grupos rebeldes, milicias locales y en algunas ocasiones, actores externos. Este multilateralismo en la dramaturgia del conflicto complica los esfuerzos por alcanzar la paz y fomentar la estabilidad.
El impacto de estos conflictos trasciende las fronteras nacionales, desencadenando un efecto dominó que afecta a países vecinos. La afluencia de refugiados, el tráfico de armas y la proliferación de grupos insurgentes generan una espiral de inestabilidad que compromete la seguridad regional. Políticas inadecuadas para abordar la crisis humanitaria han llevado a que la solidaridad entre países africanos se vea comprometida, dificultando aún más la restauración de un entorno seguro y establecido.
En conclusión, la situación de los conflictos armados en África en 2026 es un reflejo de la interconexión de factores subyacentes y actores diversos, lo que plantea desafíos significativos no solo para los países afectados, sino también para la región en su totalidad. Abordar esta problemática requiere un enfoque integral y colaborativo para fomentar la paz y la estabilidad sostenible.
Erosión institucional y su impacto en la gobernanza
La erosión de las instituciones políticas y de seguridad en África se ha convertido en un fenómeno alarmante que ha repercutido negativamente en la capacidad de los Estados africanos para ejercer una gobernanza efectiva. Esta debilidad institucional se manifiesta a través de la corrupción generalizada, la falta de rendición de cuentas y la incapacidad de las fuerzas de seguridad para mantener el orden público. El debilitamiento de las instituciones no solo impacta la gobernanza, sino que también exacerba situaciones de crisis humanitaria y de violencia.
En numerosos países africanos, la erosión de las instituciones se ha traducido en un aumento de la inestabilidad. Por ejemplo, en el caso de Somalia, la ausencia de un gobierno central efectivo durante más de dos décadas ha permitido el surgimiento de grupos militantes que operan sin restricciones, provocando un ciclo de inseguridad y desplazamiento forzado. La falta de instituciones que puedan garantizar la provision de servicios básicos ha llevado a que millones de somalíes vivan en condiciones precarias, contribuyendo a una crisis humanitaria sin precedente.
Otro ejemplo es el de la República Democrática del Congo, donde la corrupción endémica y la falta de instituciones sólidas han permitido que grupos armados persistan en diversas regiones, generando una situación de violencia generalizada y violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Estas circunstancias han mermado la fe de los ciudadanos en sus gobiernos, afectando su legitimidad y estabilidad social.
La debilitación de las instituciones africanas no es un fenómeno aislado; su impacto resuena en todos los sectores de la sociedad y obstaculiza el desarrollo sostenible. A medida que los Estados luchan por restaurar la confianza, es imperativo abordar la raíz del problema, promoviendo políticas que fortalezcan la gobernanza y la seguridad en la región.
Reconfiguración geopolítica y nuevas alianzas
En la última década, la geopolítica en África ha experimentado cambios significativos que han afectado tanto la política interna como la seguridad del continente. La creciente presencia de potencias extranjeras, como China y Rusia, ha llevado a la formación de nuevas alianzas entre estados africanos, alterando el tradicional mapa de influencias.
China, particularmente, ha intensificado su compromiso en África a través de inversiones masivas en infraestructuras y recursos naturales, lo que ha sido recibido con ambivalencia por muchos países africanos. Por un lado, estas inversiones son cruciales para el desarrollo económico; por otro, generan inquietudes sobre la dependencia económica y política. El establecimiento de la Franja y la Ruta es un claro ejemplo de cómo la política de inversión china ha llevado a la creación de relaciones estratégicas con numerosos estados africanos, alterando la dinámica de poder en la región.
Rusia, por su parte, ha buscado aumentar su influencia a través de una política de colaboración militar y económica, firmando acuerdos de defensa y recursos con diversos países africanos. Esta reconfiguración de alianzas no solo desafía la hegemonía tradicional de países occidentales, sino que también ha permitido a los estados africanos diversificar sus relaciones exteriores, buscando balances entre los distintos poderes globales.
La interconexión entre estas dinámicas de cooperación y la seguridad regional es palpable. Las alianzas estratégicas permitidas por esta nueva era de política exterior pueden otorgar a las naciones africanas mayor autonomía y capacidad de respuesta frente a las crisis. Sin embargo, estas interacciones también presentan riesgos significativos, ya que las influencias externas podrían exacerbar tensiones internas y conflictos, poniendo en peligro la estabilidad política. La exploración de estas nuevas alianzas y sus efectos asociados se vuelve, por lo tanto, un elemento crucial en la comprensión de la evolución de África en el año 2026.
Crisis humanitarias como consecuencia de la inestabilidad
En el continente africano, las crisis humanitarias han emergido como una consecuencia directa de la inestabilidad política y los conflictos armados persistentes. En diversas regiones, la erosión de las instituciones gubernamentales ha comprometido la capacidad de los estados para brindar servicios básicos a su población, exacerbando problemas de salud, seguridad alimentaria y acceso a recursos vitales. Como resultado, millones de personas se enfrentan a condiciones de vida deplorables, privaciones económicas y desplazamientos forzados.
El desplazamiento forzado ha sido un fenómeno alarmante en África, con cifras que superan los 16 millones de refugiados y desplazados internos, lo que representa un desafío significativo para la estabilidad regional. Las crisis humanitarias, impulsadas por factores como la violencia armada y la persecución, han contribuido a la creación de camps de refugiados precarios y la saturación de áreas que ya enfrentan limitaciones en infraestructura y servicios. Las personas desplazadas se encuentran a menudo atrapadas en situaciones de vulnerabilidad extrema, sin acceso a atención médica adecuada o educación.
La respuesta internacional a estas crisis ha sido variada y a menudo inconsistente. Si bien numerosas organizaciones no gubernamentales (ONG) operan sobre el terreno, brindando asistencia humanitaria inmediata y servicios de socorro, la escala del sufrimiento supera significativamente los recursos disponibles. Los gobiernos y otros actores globales deben coordinar esfuerzos más eficaces para abordar las causas subyacentes de la inestabilidad y proporcionar apoyos sostenibles que alivien el sufrimiento humanitario. La colaboración internacional es esencial para implementar estrategias que promuevan la paz, la seguridad y el desarrollo a largo plazo en las regiones más afectadas.
Contexto actual de los conflictos armados en África
El continente africano ha experimentado diversos conflictos armados a lo largo de su historia, y la situación hasta 2026 revela una complejidad persistente en las dinámicas de violencia. Las causas subyacentes de estos conflictos son multifacéticas, abarcando factores económicos, políticos y sociales que contribuyen a la inestabilidad en varias regiones. En muchas ocasiones, la lucha por el control de recursos naturales, la desigualdad económica y la corrupción política alimentan tensiones que finalmente desembocan en conflictos armados.
Preguntas frecuentes
¿Qué causa los conflictos?
Factores económicos, políticos y sociales generan tensiones armadas.
¿Dónde ocurren más conflictos?
En regiones con recursos naturales valiosos y desigualdad económica marcada.
¿Cómo afecta la corrupción política?
La corrupción debilita instituciones, fomenta injusticias y alimenta la violencia persistente.
¿Qué papel juegan los recursos?
El control de recursos naturales es un motor clave de los conflictos.
¿Hay soluciones posibles?
La paz requiere abordar desigualdades y fortalecer la gobernanza local.
¿Cómo afecta la violencia a la sociedad?
Provoca desplazamientos, fractura comunidades y limita el desarrollo sostenible.
Declaración de Together as one
La entidad Together as one expresa su profunda preocupación ante el deterioro sostenido de la situación política, humanitaria y de seguridad en diversas regiones de África, particularmente en el Cuerno de África, los Grandes Lagos y el Sahel. La combinación de conflictos armados, tensiones interestatales, crisis institucionales y reconfiguraciones geopolíticas está generando un entorno de alta volatilidad con implicaciones directas para la estabilidad regional e internacional.
En relación con Sudán, Together as one observa con alarma el prolongado conflicto entre las Fuerzas Armadas Sudanesas y las Fuerzas de Apoyo Rápido, cuyo impacto humanitario continúa agravándose. Asimismo, se sigue con especial atención la creciente tensión entre Etiopía y Eritrea, cuyo deterioro podría derivar en un enfrentamiento abierto con consecuencias desestabilizadoras para todo el Cuerno de África.
Together as one manifiesta igualmente su inquietud por la persistencia de la violencia en el este de la República Democrática del Congo, donde la expansión del grupo M23 y las tensiones entre Kinshasa y Kigali mantienen un riesgo elevado de escalada interestatal. En Sudán del Sur, la falta de garantías en el proceso electoral previsto para 2026 incrementa el temor a un retorno del conflicto interno.
En el ámbito del Sahel, Together as one toma nota de la consolidación de juntas militares y de la creciente fragilidad institucional en países como Burkina Faso y Malí. Se observa con atención la reconfiguración de alianzas internacionales en la región, marcada por una mayor presencia de actores extrarregionales y por la disminución de la influencia de socios tradicionales. Esta dinámica, sumada a la expansión de grupos armados y yihadistas, incrementa los riesgos para la seguridad regional y para la gestión de los flujos migratorios.
Together as one reafirma su compromiso con la estabilidad, la paz y el respeto al derecho internacional en África. En este sentido, hace un llamado a todas las partes involucradas a privilegiar el diálogo, facilitar el acceso humanitario y fortalecer los mecanismos multilaterales de mediación. Asimismo, expresa su disposición a colaborar con socios regionales e internacionales para apoyar iniciativas que contribuyan a la prevención de conflictos, la protección de la población civil y la recuperación institucional.
Together as one continuará monitoreando de cerca la evolución de la situación y reitera su voluntad de mantener una comunicación fluida y constructiva con los Estados afectados y con los organismos regionales e internacionales pertinentes.
